Soy Inma Pascual y acompaño personas y organizaciones en procesos de desarrollo, transformación y conciencia. Trabajo desde la presencia, el cuidado y el respeto profundo por aquello que emerge en cada proceso. Mi experiencia en el acompañamiento individual y la facilitación de grupos me ha enseñado que el verdadero cambio nace cuando podemos habitar la experiencia con honestidad y escucha. Me gusta crear espacios donde lo humano puede expresarse con autenticidad y sentido.

Trabajo de procesos:
escuchar aquello que no siempre se dice
El trabajo de procesos es una manera de acompañar personas y grupos en momentos de crisis, conflicto o cambio. Parte de la idea que dentro de los malestares hay pistas que nos pueden ayudar a entender qué nos pasa y hacia dónde queremos ir. Trabajamos con aquello que es visible y también con lo que a menudo queda más escondido: emociones, gestos, sueños, silencios… Este paradigma psicológico nos ayuda a escuchar todo lo que está presente —aunque cueste o haga daño— para transformarlo con respeto y conciencia. Es útil en procesos personales, relacionales, organizacionales y comunitarios, y permite crear espacios más honestos, seguros y cuidados.

Mirada restaurativa:
más allá del castigo, la responsabilización
La mirada restaurativa nos invita a entender el conflicto y el daño no solo desde el castigo, sino desde la responsabilidad y la transformación. Cuando hay una agresión, una herida o una injusticia, ponemos en el centro las necesidades de todas las personas implicadas: la que ha sufrido, la que ha provocado el daño y también la comunidad. Apostamos por espacios de diálogo y escucha donde se puedan reconocer los hechos, asumir responsabilidades y, si es posible, reparar lo que ha pasado. Esta mirada es especialmente potente para abordar temas delicados como las violencias, porque busca sanar las relaciones y recuperar la confianza colectiva.

Mirada interseccional:
entender las estructuras de poder y opresiones cruzadas
Trabajo desde una mirada interseccional, que reconoce que las desigualdades no actúan de manera aislada, sino que se creen y se refuerzan entre ellas: por el género, el origen, la clase social, el color de piel, la diversidad funcional, la salud mental, la edad, la orientación sexual o las neurodivergencias, entre otros ejes. Esta perspectiva pone el foco en cómo las estructuras de poder —por ejemplo: el racismo, el patriarcado o el capacitismo— condicionan las vidas de las personas de manera desigual.
Entender estas intersecciones es clave para generar procesos y políticas más justas, inclusivas y transformadoras. No se trata solo de ver la diversidad, sino de reconocer cómo operan las opresiones y cómo transformarlas colectivamente desde las instituciones, las organizaciones y los proyectos sociales.